20080412

¿Uno mismo es el yo?


Tal vez sean diferentes "uno mismo" y "el yo"; "the self" (en inglés) y "le moi" (en francés). Decimos, por ejemplo, que "a veces uno mismo (one-self) no se da cuenta de lo que sucede", que no siempre nos percatamos de lo que ocurre a pesar de ser los interesados directos; ese significado de "uno mismo" evoca el autoanálisis, la reflexividad, como en estos otros casos: "uno mismo se boicotea", "uno mismo reproduce la discriminación a los de su condición", "uno mismo puede superar sus limitaciones", etcétera. Por otro lado, los filósofos suelen decir algo así como "el yo no es una substancia porque cuando pensamos en él es pasado, ya no somos, se trata de otro", y aluden con ello a algo que escapa a la reflexividad. No estoy criticándome o haciéndome psicoanálisis al decir, por ejemplo, que "el yo es algo difícil de aprehender". De acuerdo con Vincent Carraud, de quien tomo la sutil distinción anterior, la pimera mención de "el yo" como concepto filosófico aparece en una reflexión del primer cartesiano de la historia, Blaise Pascal. Y no precisamente cuando escribió que "el yo es odioso", lo que significaba simplemente que "el amor propio es odioso" sino en el siguiente pasaje (la traducción es mía):
"¿Qué es el yo?
"En el caso de un hombre que se pone en la ventana para ver a los peatones, si yo paso por ahí, ¿puedo decir que está ahí para verme? No, pues él no piensa en mí en particular. Pero aquel que ama a alguien por su belleza ¿lo ama? No, pues la viruela, que matará la belleza sin matar a la persona, hará que aquél ya no ame a ésta. ¿Y si me aman por mi inteligencia, por mi memoria, me aman a mí? No, porque puedo perder esas cualidades sin perderme a mí mismo. ¿Dónde está entonces ese yo, si no está ni en el cuerpo, ni en el alma? ¿Y cómo amar el cuerpo o el alma, si no es por esas cualidades, que no son lo que hace al yo, pues son efímeras? Porque ¿amaríamos la substancia del alma de una persona de manera abstracta y cualesquiera cualidades que estuviesen allí? No es posible y sería injusto. No amamos, por lo tanto, nunca, a nadie, sólo a sus cualidades."
De acuerdo con Carraud, Pascal transforma la pregunta constitutiva de la metafísica cartesiana, "¿qué soy?", en una nueva cuestión: "¿qué es el yo?". Si tantos filósofos han criticado a Descartes por hacer del ego una substancia, Pascal fue el primero en reconocer que se trataba de un yo abstracto, transcendental. Si la filosofía de Descartes conducía a forzar el lenguaje y no recurría a la tercer persona al referirse al yo ("No comprendo todavía lo suficientemente quien soy, ese yo que 'soy' (sic), sin embargo, necesariamente" escribe Descartes en latín en las Meditationes), Pascal introduce "el yo" en francés, "le moi " que, con Locke, será luego "the self" en inglés.


Elisabeth de Fontenay destaca que el pasaje citado, "¿Qué es el yo?", está redactado en primera persona del singular y que "liquida tanto el narcisismo de unos como el cogito de los otros". Según ella, es en particular la crítica radical del discurso que toma al yo como objeto lo que hace resplandecer la actualidad de Pascal: "sin yo profundo, sin persona, sin autenticidad que se sostenga, el 'yo' consiste en última instancia en 'cualidades prestadas'. La subjetividad arrogante y la metafísica 'propia al hombre' recibieron ahí un muy duro golpe".


Escribo esto para no olvidar algunos de los argumentos del denso artículo académico de Carraud que acabo de leer. ¿Qué le interesa todo eso a Internet? Quizá saber que los cientos de filósofos que han deconstruido al sujeto tienen en Pascal a su ancestro. Y se trata, igualmente, de ir llenando este blog enmimismado que habla, supuestamente, de alguien que no existe para los otros sino como conjunto de cualidades (¡para los otros, porque, con perdón de esos prestidigitadores que desaparecen a "el yo" en un pase de manos, coito ergo sum!*)


* Quise decir cogito ergo sum, aunque también adhiera a este último principio tántrico.