20080404

El yo es odioso


El título anterior es una famosa frase de Blaise Pascal garabateada en los papeles que luego han sido reunidos con el nombre de Pensamientos. Traduzco a continuación el fragmento completo (considérese que es un texto del siglo XVII), agregando la información que necesitamos para comprenderlo:
"-El yo es odioso. Usted, Mitton, lo encubre, usted no lo elimina: por esa razón sigue usted siendo odioso.
"-No, porque al proceder como procedemos, cortesmente con todo el mundo, no hay motivo para odiarnos -responde Mitton (Damien Mitton, libertino amigo de Pascal, había escrito antes esta frase en su propio libro Pensamientos sobre la honestidad).
"-Eso sería cierto si en el 'yo' no se odiara sino el disgusto que nos produce -sigue Pascal-. Pero si lo odio porque es injusto, porque se erige en el centro de todo, lo seguiré odiando. En una palabra, el 'yo' tiene dos cualidades: es injusto en sí, por hacerse centro de todo; es incómodo para los demás, porque quiere someterlos; porque cada 'yo' es el enemigo y quisiera ser el tirano de todos los demás. Usted elimina la incomodidad, pero no la injusticia; y así no lo hace amable a quienes odian su injusticia: sólo lo hace amable para los injustos que ya no encuentran en él su enemigo, y permanece así injusto y no puede agradar sino a los injustos" (fr. 494, ed. Sellier).
Pascal no se atrevía a no venerar a un Dios que creía infinito, aunque también lo creía colérico y orgulloso. Así, Pascal creía que la vanidad debía ser monopolio divino. Todo existía, supuestamente, "para gloria de Dios" (ad gloriam Dei). Entre calvinistas y jansenistas, el deber del ser humano es cumplir las tareas que le impone la lex naturae, ser una especie de buen esclavo (aunque, hay que conceder, algunos también creían que el cosmos está instituido por Dios para bien del hombre, ese esclavo querido). Aquí detengo las referencias religiosas.
¿Por qué es mala la soberbia? ¿Porque el ego nos corroe? ¿Porque apesta? Si está mal vista la autopromoción es porque no es neutra, creo y, por lo tanto, tampoco es objetiva. Si alguien se alaba, es muy probable que exagere, que no vea sus propios defectos. Nadie confía en un juez que es parte y que decide sobre sí mismo. Además, con frecuencia el megalómano no sabe ponerse en el lugar de los demás, su perspectiva es para él la única válida. "Deberíamos tender a lo general pero la pendiente hacia uno mismo es el comienzo de todo desorden: en la guerra, en la política, en economía, en el cuerpo particular del hombre" (Pascal, Pensamientos, fr. 680, ed. Sellier).
Pascal también detestaba que Michel de Montaigne escribiera páginas y páginas sobre sí mismo. Montaigne, a quien por lo demás Pascal admiraba profundamente, presume no sólo cuando le pidieron reelegirse como alcalde de Burdeos y la manera cómo peleaba valientemente en las guerras, sino también qué dietas le producían pedos y a qué hora iba al escusado. Motaigne escribe que "sólo me tengo a mi como objetivo de mis pensamientos [...] no controlo y estudio sino a mi mismo"; "Me estudio más que a otro sujeto. Esa es mi metafísica, esa es mi física". Y, sin embargo, la lectura de Montaigne es una delicia ("que un hombre así haya escrito, ha aumentado ciertamente el placer de vivir en ete mundo" escribió Nietzsche). Y es que Montainge no narra sólo sus impudicias sino las de los antiguos, las nuestras, pues. El "yo", en el fondo, no es sino una declinación del "nosotros". Además, hay "yos" que se viviseccionan mediante lo que Bourdieu llama la reflexividad. Someterse a juicio, ser autocrítico, no es una tarea fácil. Así, abro esta página Web, que no es la única ni la más importante, enmimismado, autorreferente, para divertirme, para mirarme de niño y de adolescente. Quienes no sientan repulsión por otro "yo" que se regodea, son bienvenidos.