20100703

Futbol, panzas cerveceras y la falacia del tuo quoque


Me exaspera que los tipos más inútiles sean, curiosamente, los más indignados y agresivos porque la selección de futbol de México no haya ganado contra Argentina. Leo en la fila del supermercado, en TVnotas creo, que Giovanni Dos Santos cortó con su novia Belinda porque ambos estaban demasiado ocupados: él por el mundial Sudáfrica 2010, ella por su nuevo disco. Se trata de gente que incluso coloca a un lado su vida personal por el trabajo y el dinero, y que por más criticables que sean tienen la virtud del esfuerzo personal. Entones pienso en esos otros que lucen su panza cervecera, que tienen escasa disciplina personal y se regodean en su cultura televisivo-futbolera, esos que despotrican contra los “mediocres jugadores mexicanos” por la supuesta “falta de actitud ganadora”, “el pobre desempeño” y por “haber defraudado al pueblo”. ¿Con qué autoridad moral se atreven esos procastinadores que viven apoltronados frente a la televisión a criticar a aquellos jóvenes trabajadores y profesionales que, por ejemplo, han logrado irse a jugar futbol a Europa?
Luego, mi esposa me muestra que yo mismo no tengo autoridad moral para criticar a los "buenos para nada" críticos cheleros, y no porque yo sea tan huevón como ellos sino porque, como supuesto especialista en lógica que digo que soy, sé que existe una falacia llamada del tuo quoque. Mal bautizada así, en honor a las últimas palabras de Julio César ("¿Tu también, Brutus?"), pues éste no las dijo con ganas de evadir falazmente la crítica verbal de su hijastro sino como expresión de asombro y amargura ante el cuchillo del parricida. Pero falacia al fin y al cabo, aunque su nombre tenga un significado histórico también falaz.
Señalar con el dedo que los demás tienen mayores defectos no es un argumento legítimo para evadir las críticas a algo o a alguien. Uno puede hablar de los derechos humanos en Cuba aunque ciertos militantes blandan la espada blandengue de la comparación: “Pues en México, en Estados Unidos y en Puerto Rico también se violan derechos humanos”, dirán y repetirán para tratar de acallar al crítico. Cometerán la falacia porque podríamos agendar sesiones de discusión sobre los derechos humanos en México, en Estados Unidos y en Puerto Rico, respectivamente, sin que eso impida que ahora o más tarde, pero algún día, analicemos también los derechos humanos en Cuba. La falacia del tuo quoque no representa un ascenso semántico hacia el análisis de otro tema, sino una burda manera de parar la discusión.
Dice un proverbio rumano que “hay que hacer lo que dice el cura, no lo que hace el cura”. Un cura puede ser un pederasta incurable y, al mismo tiempo, poseer una mente clarividente y un juicio certero. Por ejemplo, un cura pederasta que dice que la pederastia es mala no comete falacia alguna. Comete, es cierto, lo que los pragmatistas nos han enseñado a llamar una “contradicción performativa”, una contradicción entre el hacer y el decir, pero no una falacia lógica.
Eh ahí, entonces, la diferencia entre el reproche por la falta de autoridad moral y la falacia del tuo quoque. El primero es un juicio moral válido, mientras que la segunda evoca un argumento descriptivo inválido. El cura pederasta o el "bueno para nada" crítico futbolero quizá no tienen “autoridad moral” para predicar lo que está bien o está mal, pero pueden llegar a lanzar juicios certeros. De hecho, algunas de esas personas que viven delante de la televisión y no aportan mucho a su entorno, aparte de mensajes linchadores en Twitter o Facebook, deben saber algo de futbol. Muchas de sus críticas deben ser ciertas, aunque provengan de una contradicción performativa. Entre Giovanni Dos Santos y el Don Inútil troglodita aficionado, me causa admiración Giovanni dos Santos y me rebasa ver que el segundo tenga la desfachatez de criticar a la selección de futbol; pero, como dice mi sabio maestro Carlos López Beltrán, ese inútil Don Troglodita aficionado quizá sirva para eso y, desde su desvergüenza, tenga razón. Pésele al Don Perfecto a quien le pese.