20090710

Manual práctico de las distancias cortas XI: Del discurso erótico universal

Pellejo con pellejo, dentro y fuera, pegados y abrazados pelo a pelo, hacemos que tiemble la cabecera y hasta vienen gatos que están en celo. Ay papá, alcahuete y hechicero, que me traes embaucada por tierra y cielo, déjame que le ponga su capuchón antes de revolcarnos en el sillón. Engarráfame, torote, y ¡A cuatro patas gozar! con mugidos y meneos, vamos a hacer contrapar. Éntrale, ándale, que cuando se infle como ninfa voy a estar. Que el baile de tus caderas me abra más ancho que el mar. ¡Ay, Diosito, qué sabroso! Acaricia ese lugar, más abajo, más abajo, baja sin reflexionar.
Rosalba de las centurias, me he plagiado a los poetas, en tina con aguas turbias donde me verás las tetas. ¡Oh, sí! Me besaras con besos de tu boca y nos chuparemos las lenguas porque mejores son tus amores que el vino pinot noir de la Borgoña. Y de tu verga no me avergüenzo, porque yo soy tu Doña, coño. Huelo el olor de tus suaves ungüentos y tu nombre es como ungüento derramado. Te volveré a meter en mi recámara pero te advierto que si no te superas me acordaré de mis mejores amantes con los ojos cerrados. Si tus manos no están a la altura de ellos te dejaré haciéndome el amor y yo me fugaré mientras tanto con mis recuerdos, que siguen siendo bien ricos. Oh hija de Tenochtitlán, codiciable entre las mejores nalguitas de la burguesía, que no te importe que sea morena, no seas naco, aunque aquí esté lleno de güeritas tan guapas. Hazme saber, oh tú, becario del Conacyt a quien ama mi alma, si además de caerme bien también sabes satisfacerme; dime dónde has apacentado antes, dónde sesteaste ayer al mediodía que te volaste la clase. Yo soy la rosa de Boston y además las gringas nerds ni te pelan, yo soy el lirio de los valles y ellas te desprecian por tu acento. Soy como el manzano entre los árboles silvestres de donde comió un inmigrante clandestino, exhausto, en una colina de California, acosado por las sirenas de la migra y, aunque soy bien inculta, me gusta reescribirte este poema. Me gustan las bibliotecas de Harvard porque en ellas puedo encontrar libros en español que robarme. Es un decir, libros que reescribir, libros que chupar y escupir con las letras en desorden. Aquí hay uno de erotismo medieval pero está en francés y no entiendo ni madres. Así es, mi estimado, bajo la sombra de mi asesor me he sentado y ahí está enfrente el pendejo creyendo que estoy escribiendo la tesis, mientras con rostro solemne te chaqueteo, cabroncito. Debes saber que cuando sepa cómo me chupas aquellito dejaré de dudar y sabré si eres tú mi amor eterno, mientras tanto eres nomás un pretendiente más. Y agradece que mi ex sea un imbécil. Es aburrido. Es un gringo feo, mientras tu el día domingo me diste una prueba, me lo hiciste de maravilla en esta misma biblioteca. Me pusiste tu cosita en el estante para libro único que llevo entre las piernas. Qué rico sentir ese placer. Pero cuando me llevaste a tu dormitorio para rematarme y con prisa quisiste clavar tu bandera sobre la luna, cual soberbio astronauta, echaste todo a perder, y no se trataba de eso, güey. De todos modos, te daré una oportunidad, por lo pronto cazaré a esa zorra, la zorra pequeña, con la que salías, porque las zorras echan a perder las viñas y nosotros tenemos qué fabricar mucho vino. Nuestras viñas estarán en ciernes, amado mío. Tu vello púbico es como manada de cabras que se recuestan en las laderas de Galaad, tus dientes son espadas y yo ya me estoy pasando. Si mi asesor lee lo que estoy escribiendo me va a correr de la universidad porque estos académicos gringos no tienen sentido del humor y respetan más a los libros que a las personas. Y además éste es judío y ahora me estoy fusilando el Cantar de los Cantares. Te amo... hasta crees. Bye. Rosalba