20101231

La llegada del dios mineral



Palpo un temblor bajo tu vientre, creo.
Profecía natural y augurio de la ciencia.
Me produce temor, pero ya es mi deseo.
Yo seré su vasallo, venderé mi conciencia.

Para atisbarlo claro consigo un catalejo
que apunto hacia el abismo donde estuvo mi oreja.
Veo la mancha sin forma, no es osa ni conejo,
es blanca, diminuta, parece una lenteja.

Es el dios mineral, flotando, suspendido,
resonando en tus ojos, filtrándose en tu piel.
Pero no es que esté quieto ¡Meteorito encendido!
Todo se mueve ¡Claro! ¡Cae la tierra hacia él!