20141208

Para leer a Edgardo Buscaglia


Ante la distancia entre sus palabras y sus gestos, me veo obligado a escribir estas líneas. “¿Quién es Edgardo Buscaglia?” me pregunta Sofía que no sabe si abrir los oídos al académico y agitador que algunos temen sea un charlatán disfrazado de consultor internacional sabelotodo. “No lo sé bien, yo también me lo pregunto”, le respondo a mi amiga. Buscaglia es arrogante como lo son, decimos en México, los argentinos de su generación (¿cómo se suicida un argentino?, saltando desde su ego, etc). Siempre está llegando de un vuelo internacional o a punto de perderlo. Sin duda es brillante; cita por nombre, sin mirar sus notas, al gabinete de Peña Nieto, los años en que ocurrieron masacres y capturas de capos en México, los textos académicos clave que nos explican el lavado de dinero o el surgimiento del Cártel del Golfo. Siempre insiste en que México está lleno de falsos expertos (sólo hay 3 verdaderos especialistas del crimen organizado en el país, afirma) y desprecia a algunos de sus ex-colegas en el ITAM. Su discurso se parece mucho, en lo enfático, al de la izquierda obradorista, hoy Morena, y entre sus aliados intelectuales está el combativo académico John Ackerman. Buscaglia nos impele a salir a las calles, ya no a solidarizarnos con víctimas de la “narcoguerra” o el “narcoestado”, sino a actuar. ¡Cercar el Congreso, paralizar la economía! Y lo mínimo que podemos hacer es preguntarnos quién es ese señor, antes de arriesgar nuestro empleo, nuestra libertad, nuestra vida haciéndole caso. Pero cuando uno escucha atentamente al “investigador de la Universidad de Columbia” (entrecomillo porque, siendo yo un modesto profesor, una y otra vez me pregunto cómo puede Buscaglia estar tanto tiempo en México y en muchos otros países y trabajar además en una famosa universidad americana)... cuando uno escucha atentamente a Buscaglia, estaba yo diciendo, a pesar de su vehemencia sus propuestas no corresponden a las de Obrador, ni a las de Morena, ni a las de Ackerman. Él nombra con todas sus letras la probable corrupción en el asunto de la “casa blanca” de Peña-Rivero, pero no nos recomienda exigir la renuncia del presidente. Él llama a la movilización pero, a diferencia de Ackerman, no concentra esfuerzos en defender la inocencia de cualquier detenido en las manifestaciones y, en cambio, sí admite la posibilidad de que haya “idiotas útiles” que lancen cocteles molotov por iniciativa propia, contribuyendo a desencadenar la represión de la policía. Una breve revisión en Internet muestra que Buscaglia no fue siempre antigobiernista en México. A la muerte de José Luis Santiago Vasconcelos, el ex-zar antidrogas mexicano que falleció en un accidente aéreo junto al Secretario de Gobernación Juan Camilo Mourinho, Buscaglia no se ahorró elogios para aquel (elogios, en última instancia, a la política antidrogas anterior a Calderón). En resumen, a pesar de su tono hipercrítico, Buscaglia es un aliado de los que en las redes sociales son a veces llamados “tibios”, porque no exigen la renuncia de Peña Nieto y, aunque hacen lo posible para que continúen las manifestaciones, condenan a los encapuchados y los actos de violencia. Buscaglia reconoce la necesidad del compromiso y quizá del sacrificio ciudadanos, pero no de la violencia como sí lo hace una parte de la izquierda mexicana que afirma en los cafés que “para preparar un omelette hace falta romper huevos”. Como otros observadores extranjeros, Buscaglia deplora que entre la inercia de una sociedad clientelista que exige soluciones al Estado y la inercia violenta que reivindica a la guerrilla de Guerrero, no haya existido en México una posición intermedia fuerte: un movimiento ciudadano determinado a cambiar las cosas por la vía pacífica. Así, esta breve nota tiene como objetivo tratar de identificar con claridad una de las posiciones teóricas que están presentes en el actual movimiento de la sociedad civil mexicana. Ésta no coincide con el discurso tradicional de la izquierda obradorista, aunque no tiene por qué confrontarse con ella. En una frase, le responderé a Sofía: “Opino que sí vale la pena oír a Buscaglia y, mejor aún, comprar su último libro, leerlo y discutirlo juntos. No se trata de un charlatán. Sus propuestas, además, son más conciliadoras de lo que sugiere el tono con el que las lanza. Según él, el movimiento ciudadano del Otoño Mexicano debe imponerle su propia agenda al Estado y hay que preparar esa agenda”.

20141121

La cuestión de los encapuchados


¿Debemos repudiar o incluso denunciar a quienes marchan encapuchados? Es complicado, incluso para quienes creemos que debemos marchar con el rostro descubierto. Ayer, 20 de noviembre del 2014, comencé marchando a las 5:30 dentro del elegantísimo contingente que vestía de negro en el Ángel de la Independencia. Ahí vi a vecinos, colegas profesores y famosos tuiteros. Entre ellos, los pocos encapuchados eran cortés pero enfáticamente señalados por decenas de clasemedieros: "¡Capuchas no, hermano!", "¡Fuera capuchas!". ¿Y quiénes eran los encapuchados? En lo que me tocó ver, había por ejemplo contingentes de maestros de municipios de Guerrero en los cuales algunos se cubrían la cara con paliacates perforados en ojos y boca o con pasamontañas estilo zapatista. También había adolescentes grafiteros en los márgenes del cortejo que antes de pintar un quiosco o un parabús se cubrían. Algunos amigos me cuentan que tuvieron éxito al pedirle a los compañeros que se quitaran la capucha, pero lo que yo presencié es que la exigencia de descubrirse que lanzamos a maestros y grafiteros no fue efectiva. Pronto pensé "tal vez tienen un narcoalcalde en su municipio y temen ser fotografiados aquí, no debo juzgarlos". Luego avancé a grandes pasos hacia la vanguardia de la marcha, pero no llegué a ver a los padres de los normalistas, de tan gigantesca que era la concentración. Tomé entonces en contrasentido hacia Eje Central entre estudiantes de universidades públicas. Ahí había bastantes encapuchados. "Son pandillas, tenga cuidado" me dijo un joven desconocido. Regresé entonces hacia una zona confortable y ¡milagro! me encontré con el contingente de mis alumnos. Obviamente reconocí a quienes tenían la cara descubierta, pero fue curioso ver que algunos de ellos usaban paliacates para taparse la boca y la nariz. No sé por qué. No podía regañarlos, no era mi papel o creí que no era, aunque hubiera querido decirles que las protestas exitosas suponen dar la cara, de modo que los provocadores e infiltrados no puedan actuar. Los estudiantes del contingente de la UAM y otros aledaños también hostigaban a gente (como yo antes), pero no a encapuchados sino a supuestos infiltrados. Cuando veían a alguien con el pelo corto, tipo militar, cientos de dedos lo rodeaban al grito de: "¡Fuera infiltrados!". Luego llegué al Zócalo pero me salvé a tiempo de los desmanes ¿iniciados por encapuchados? No solamente, al parecer muchos de los que empezaron la gresca tenían el rostro descubierto. Por eso agredían a los periodistas que los fotografiaban. Algunas conclusiones personales: Ya no condeno tajantemente a todo "encapuchado" ¡Sería imposible hacerlo cuando descubrí a algunos estudiantes empaliacatados! Pero trataré de debatir respetuosamente con ellos, fuera de la posición de maestro-alumno (son libres, son adultos y no puedo evitar que elijan cubrirse, pero yo también soy libre, soy adulto y puedo elegir tratar de convencerlos de que no lo hagan). Es obvio que la movilización masiva de nuestra sociedad que busca mejorar la situación del país sólo continuará si la represión por parte de la policía no se generaliza. En cambio, si los desmanes aumentan en las manifestaciones, éstas se diluirán. Por eso, no caeré en relativizarlo todo: aunque no condeno tajantemente los paliacates y pasamontañas, junto a muchos otros pido que evitemos que sirvan para romper la acción colectiva. Comprendo que exista el derecho a la rebelión, pero me parece que quienes tengan el valor de rebelarse no deben escudarse en otros ciudadanos. No me sorprende que se peleen policías y activistas radicales, pues esos rituales existen en muchas partes del mundo, pero lamento que eso pueda acabar con el actual tsunami ciudadano y con las esperanzas que porta.

20140812

Los bombardeos de Estados Unidos al "Estado Islámico"

Desde América Latina, el hecho de que el ejército estadounidense lance bombas en algún lugar del mundo sólo puede interpretarse como un episodio de intervención imperialista. La inferencia es automática: “bombas gringas ergo imperialismo”. Y existen muchas razones históricas para ello. Desgraciadamente, eso provoca una especie de pereza intelectual, incluso ¡pleonasmo! pereza intelectual entre los intelectuales latinoamericanos. A diferencia de analistas estadounidenses, franceses o españoles, a pocos columnistas latinoamericanos les preocupa detenerse en los complejos detalles de los conflictos en Medio Oriente. Por ejemplo en los dos siguientes: el hecho de que el ejército del llamado Estado Islámico (EI) en Irak sea dirigido por un antiguo líder de Al Qaeda (y que hoy sea rival de ésta) y, en segundo lugar, el dato de que los yazidíes, por cuya protección se anuncia el bombardeo estadounidense a las posiciones del EI, tengan una religión que asume el perdón divino a Tawusî Melek, el ángel que desafió a Dios, y que los islamistas identifican con Shaytan (Satán). Esos dos detalles, sin embargo, hablan de un conflicto muy distinto del que imaginamos los latinoamericanos con nuestras categorías poscoloniales. ¿Por qué? Porque, por extraño que parezca, la información disponible muestra que lejos de disputarse el petróleo del Kurdistán, un puerto estratégico o un territorio sagrado, los islamistas pretenden exterminar a un pueblo que consideran diabólico. Baste observar que los jihaidistas del EI no han cometido, hasta donde se sabe al momento de escribir estas líneas, asesinatos en masa de cristianos ¡A pesar de ser éstos los herederos de los odiados invasores de las Cruzadas y correligionarios del Occidente capitalista que es mayoritariamente “nazareno”, para usar la traducción literal del árabe! Pero, en cambio, los seguidores del doctor en teología islámica Abu Bakr al Baghdadi, líder del EI, sí han sacrificado ya a cientos de yazidíes, esos “infieles” adoradores supuestamente de Shaytan que, en realidad, son una humilde comunidad montañesa. La racionalidad o, mejor dicho, irracionalidad detrás de esa conducta militar guiada por el fanatismo religioso nos habla de la naturaleza de ese conflicto en particular. Desde luego, existen analistas, como Robert Fisk, que ven detrás de esta nueva guerra la vieja codicia petrolera, pero ¿por qué los jihaidistas se detienen entonces a provocar una carnicería de "infieles" que sólo los debilita ante la opinión pública mundial y retrasa su avance? Y si el bombardeo de Estados Unidos a la artillería de los jihadistas islámicos del EI busca detener el genocidio de los yazidíes, condenar la intervención de Obama (al menos en su primera fase) desde la visión latinoamericana tradicional que la llamaría “expansionista e interesada” es caricaturesco. No digo que quienes rechacen la intervención militar de potencias occidentales merezcan desprecio: el gobierno alemán, por ejemplo, considera, y es su legítimo derecho hacerlo, que involucrarse en esa guerra terminaría favoreciendo a los islamistas, cuando las armas occidentales caigan en sus manos y se genere un movimiento de solidaridad entre sunitas radicales del mundo. Pero el gobierno alemán no actúa con la pereza latinoamericana que, a partir de nuestro doloroso pasado de intervenciones militares y golpes de Estado coorganizados por la CIA, interpreta cualquier acción militar estadounidense como un acto de conquista capitalista. Y se nos olvida que, luego de que Estados Unidos destapara la "caja de Pandora" al invadir Irak, el hecho de no impedir un genocidio allí sería visto como su responsabilidad. He leído vagas condenas a los "nuevos bombardeos de Estados Unidos a Irak" por parte de columnistas latinoamericanos de izquierda y de derecha. Y un ejemplo de dicha pereza intelectual en forma de inexactitud informativa es el titular del periódico mexicano Excelsior del 11 de agosto: “Clinton rompe con política de Obama; critica ataques a Irak”. En realidad, Hillary Clinton no criticó los bombardeos a los islamistas, sino el hecho de que un decidido apoyo militar no hubiese llegado mucho antes (al comienzo de la guerra civil en Siria). Pero la frase “[Clinton] critica ataques a Irak” reconforta en su antintervencionismo a miles de latinoamericanos que no se tomaron la molestia de conocer las verdaderas declaraciones de la precandidata a la presidencia de Estados Unidos. “¡Incluso Hillary critica a Obama!” piensan, sin saber que tal crítica parte de motivos contrarios a los que aducen los pacifistas. ¿Debemos entonces ver los bombardeos estadounidenses al EI positivamente? Al menos, creo que debemos comprender a los kurdos, europeos, israelíes, árabes chiítas y estadounidenses que ven dichos ataques militares como una legítima reacción con fines humanitarios (más aún, como una reacción urgente y necesaria). Después, pero sólo después, podemos estar a favor o en contra de la medida del gobierno de Obama. Por otro lado, opino que también debemos tomar distancia de quienes realizan el razonamiento categórico en sentido inverso: “Los islamistas sunitas rebeldes son un grupo terrorista aún más radical que Al Qaeda, por lo tanto, deben ser exterminados”. La premisa mayor parece cierta: se trata de un grupo que está cometiendo atentados y masacres imperdonables en nombre de la guerra santa y proclamando un único califato musulmán como ni siquiera Bin Laden se había atrevido a hacer. Pero la conclusión es peligrosa. Si ningún pueblo merece ser exterminado, es dudoso que algún grupo humano sí. No sabemos si la crueldad del EI alcanza para identificarlo con el “mal absoluto”, como a posteriori hacemos con el nazismo. Franco Cardini, en su libro Europa y el Islam. Historia de un malentendido, nos recuerda que, durante muchos siglos, el Islam encarnó la sapiencia y fue la religión racionalista por excelencia. Frente a judíos esotéricos y cristianos contradictorios que predicaban la naturaleza humana y divina de Jesús, los musulmanes eran los máximos representantes de la filosofía. Ojalá existiera algún modo de fomentar que los musulmanes sunitas honraran ese pasado. Pero, mientras se encuentra ese modo, no es posible condenar las acciones militares de contención que busquen prevenir el genocidio de un pueblo inocente.

20131218

PROTESTAR CONTRA LA REFORMA ENERGÉTICA

Soy partidario de la apertura moderada del sector energético a la participación privada por razones ambientales y económicas. Hoy, México pierde mucho dinero importando gasolina. La inversión privada en petroquímica básica (refinerías, principalmente) contribuiría, además, a crear empleos. Pero a unos cuantos días de aprobada, la reforma constitucional en materia energética tal como quedó me alarma mucho. La coalición del PRI y el PAN produjo un régimen completamente abierto a nivel constitucional y obsesivamente detallado en los artículos transitorios. El resultado es, por ejemplo, una repartición de ingresos futuros del nuevo Fondo Soberano del petróleo con un orden de prioridades decidido por esos partidos por fuera de las vías ordinarias (principalmente el Presupuesto de Egresos de la Federación de cada año). En una palabra, pretenden eludir la atribución de los representantes populares de decidir el reparto democráticamente. Además, aquellos partidos no respondieron nunca a los argumentos de ambientalistas contra el procedimiento de extracción de gas de lutitas o gas shale, conocido como fracking (tecnología prohibida en otros países). Esa nueva industria contaminará los mantos friáticos del noreste del país y encarecerá el agua, sin que se avizoren controles (vista la frivolidad con la que fue aprobado el paquete de modificaciones legales). Sumémosle a todo ello que la vaguedad del régimen contractual que diseñaron PRI y PAN es una puerta abierta a la corrupción trasnacionalizada. Funcionarios públicos repartirán licencias o contratos multimillonarios y los estímulos ilícitos para que malbaraten la renta petrolera no se dejarán esperar (si durante las elecciones los partidos políticos han recibido favores a cambio de conceder negocios a televisoras y otras empresas ¿por qué no ocurriría igual y peor tratándose de petroleras con una larga cola de sobornos y presiones a países de África y América Latina?). Véase el breve intercambio que tuve en Twitter (imagen anexa) con uno de los ideólogos de la reforma aprobada (citado en tribuna por los senadores que la votaron), el Dr. Carlos Elizondo Mayer Serra. A diferencia de la abundancia de sus opiniones positivas acerca de la apertura radical del sector energético, mi colega del CIDE no suele entrar en detalles cuando se trata de contra argumentos como son el tema de la colusión, ni en el caso de los efectos ambientales perversos del fracking.
Finalmente, es indignante el hecho de que la alianza del PRI y el PAN sólo fuera sensible a las peticiones de sus aliados del PVEM en el Senado (motivadas por intereses corporativos, no ecológicos). En cambio, dicha alianza eludió el debate parlamentario abierto y enviaron a un ejército de diputados levantadedos a aprobar sin modificar una sola coma del dictamen aprobado por el Senado. Por todo ello, asistiré a la manifestación este 20 de diciembre del Ángel de la Independencia al Zócalo, a las 4 pm. ¿Y para qué sirve protestar? Para exigir una consulta popular cuya antesala sería la oportunidad de debatir los puntos de alarma mencionados, entre otros temas del nuevo régimen energético, además de la eventual abrogación de la reforma. Recordemos que, hasta ahora, los escasos debates entre columnistas, tuiteros y analistas se enfocaron en temas energéticos muy generales y, más recientemente, en la iniciativa del presidente Peña Nieto; pero la propuesta que emanó de una improvisada negociación entre PAN y PRI nunca fue discutida ampliamente por la sociedad mexicana. Movilizarse en las calles sirve también para presionar al Estado a enmendar lo que ha hecho mal (que es mucho) y comenzar a vigilar desde ya lo que podría convertirse, sin exagerar, en un atraco gigantesco (como ha denunciado el movimiento Morena ligado a López Obrador). Protestar también sirve para exhibir que, mediante efímeros artículos transitorios, la alianza PRI-PAN quiere decidir en petit comité e inconstitucionalmente, el destino de la renta petrolera (fijando de una vez por todas la manera de repartir buena parte de ella). Finalmente, el honor de una sociedad democrática frente a la indolencia y arrogancia de una alianza de políticos exige la intervención popular (a través de manifestaciones, expresión de ideas y exigencia de una consulta popular).

20130331

¿Estabilidad emocional o discriminación socioeconómica?

Leo que los diputados federales están planeando reformar el Código Civil Federal para que los jueces consideren la estabilidad emocional de los padres al momento de asignar la guardia y custodia sobre los hijos. Proponen reformar los artículos 416 del Código Civil Federal y el 80 del Código Federal de Procedimientos Civiles, para que el juez, provisto de conocimientos supuestamente objetivos sobre la salud psicológica de los padres, determine a quién le concede la patria potestad. Se trata de regular la decisión para que ésta no se base en criterios subjetivos, ni privilegie mecánicamente a la madre por motivos de género. La clave estaría en las pruebas periciales, es decir, exámenes técnicos y científicos en materia de sicología familiar y de trabajo social. Sin embargo, el peligro es que los estudios periciales se conviertan en meros pretextos para privilegiar a los cónyuges más poderosos o adinerados. Es más difícil torcer la letra de la ley que la de un test psicológico. Así, por ejemplo, en el juicio familiar de la cantante Julieta Venegas contra el ciudadano argentino Rodrigo García leo que, a juicio de la perito en materia de trabajo social, éste "a pesar de manifestar la voluntad de querer convivir con la menor, no cuenta con los elementos suficientes para garantizar el adecuado desarrollo de la misma y sobre todo por que distan de la calidad de vida en la que se está desarrollando [la niña], pues no se observó utensilios, ropa, juguetes, calzado, ropa de cama para la menor; esto alteraría la seguridad de la menor y el desarrollo que actualmente tiene". Pero como se ve en las fotografías del departamento de Rodrigo que he subido a esta nota, me parece que la conclusión de la perito constituye una forma velada de discriminación por motivos económicos. La perito dice que la vivienda del padre es "un espacio muy pequeño que destinará a la menor", siendo que el lugar tiene 70 metros cuadrados. ¿Sólo los padres ricos confieren "estabilidad emocional" y calidad de vida a sus hijos? También el sonado caso de la francesa Maude Versini parece ser otro en el que el poder se reviste de tecnicismos para imponerse sobre la justicia. Los niños salieron de Francia cuando una nana mexicana los sacó sin el consentimiento de la mamá. ¿Es creíble que los niños estén emocionalmente mejor con el ex-gobernador Arturo Montiel que con la madre? En todo caso, la justicia mexicana parece convalidar con peritajes e interpretaciones de los códigos lo que sabemos sin necesidad de éstos: que Julieta Venegas y Arturo Montiel son personas famosas, ricas, influyentes. La psicología es una disciplina muy cotizada (junto con administración, medicina, contaduría y derecho), por los aspirantes a entrar a la universidad. Y es que ofrece empleos a sus egresados en los hospitales, las escuelas, los reclusorios y los juzgados, entre otras instituciones. Pero si un mal médico se conoce por sus negligencias criminales y un mal abogado por la suerte de sus clientes, el problema es que los psicólogos suelen sobrevivir toda su vida en sus puestos aunque no posean rigor científico, ni honestidad. El filósofo francés Georges Canguilhem decía, usando una metáfora topográfica que entienden quienes han visitado el Barrio Latino en París pero que se puede comprender con una breve explicación, que los psicólogos, al salir de la universidad, tenían dos opciones: podían bajar rápido hacia las oficinas de la policía o hacer el esfuerzo de subir la colina de Santa Genoveva hacia donde están enterrados Marie Curie, Rousseau, Voltaire y Victor Hugo, entre otros: “Cuando se sale de la Sorbona por la calle Saint-Jacques se puede ascender o descender; si se asciende, uno se aproxima al Panteón que es el lugar donde están algunos grandes hombres; pero si se desciende, uno se dirige seguramente a la prefectura de policía”. De la misma manera, los que se gradúan de psicólogos o de licenciados en trabajo social en México pueden convertirse en profesionistas experimentados, incluso en académicos o investigadores, pero también pueden bajar a vivir a los sótanos del sistema o trabajar como empleados -discretos- de los despachos de abogados. ***

20120815

Julieta Venegas Percevault vs. Rodrigo García Prieto

Los juicios relacionados con la tutela de los hijos involucran los derechos del niño, de la madre y del padre, pero pueden poner en colisión también muchos otros. Es lo que ocurre en la demanda interpuesta por el musicólogo argentino Rodrigo García Prieto contra la cantante mexicana Julieta Venegas. El caso fue turnado a la juez Décimo Primero de lo Familiar, con el número de expediente 658/2012. Esta controversia judicial es interesante porque, además de que se deberá proteger el interés superior de la hija de ambos, se ponderarán derechos familiares de los migrantes extranjeros en México frente a poderes fácticos (en el caso concreto, la industria del espectáculo). Esta última ponderación no forma parte de la argumentación de las partes, pero la asimetría entre ellas nos obliga a prestarle atención. Julieta Venegas es no sólo una de las cantantes mexicanas más importantes sino una personalidad pública que ha cultivado talentosamente su imagen al respaldar proyectos filantrópicos como el de fomento a la lectura o las actividades de UNICEF. En cambio, Rodrigo García Prieto es un ciudadano argentino sin visibilidad pública en su país natal o en México, lo cual no hace que sus expectativas de justicia deban ser menores. Se trata de un migrante, aunque no un migrante por motivos económicos sino familiares (lo que algunos antropólogos llaman hoy un padre transnacional). Venegas y García Prieto iniciaron una relación sentimental en agosto de 2009 en Buenos Aires. Procrearon una hija nacida un año más tarde. El 8 de septiembre de 2010, Julieta Venegas registró unilateralmente a la niña. Rodrigo García Prieto pide que se reconozca su paternidad, la guarda y custodia compartida de la menor y la calendarización de viajes de ésta. Desde su perspectiva, su hija tiene derecho de vivir y crecer en el seno de una familia, conocer a sus progenitores y a mantener relaciones personales y contacto directo con ellos, aun en el caso de estar separados. Sería importante que la autoridad judicial se coloque en los reflectores no de la prensa People y de los medios electrónicos, con el morbo que los impulsa, sino de las organizaciones de derechos humanos dado que están en juego el derecho de una madre a continuar una carrera profesional ambiciosa, el de un hombre a reivindicar la paternidad como derecho, la igualdad de acceso a la justicia (independientemente de que el solicitante sea mexicano o extranjero, célebre o desconocido, hombre o mujer), entre otros. Desde luego, los primeros derechos a tomar en cuenta son los de la menor. Un lector de la versión original de esta nota me ha hecho notar que es un mero recuento de los hechos sin tomar partido ("digno de una revista People"). Tiene razón y prefiero que sea así, aunque rompa con el tono de mi blog (si es que tiene algún tono coherente). Lo prefiero porque el tipo de filósofo que era el rey Salomón no tiene nada qué ver conmigo. No me gustaría ser un juez de asuntos familiares. Hay involucrada en esos asuntos gente normal y los tribunales no deberían estar hechos para la gente normal sino para personas límite que "violan el contrato social" o que son intratables. Según Elster, por los largos juicios de divorcio suelen sufrir más los niños que por las decisiones rápidas acerca de su guarda y custodia. Entonces ¿por qué entré al tema? Porque me parece importante que el juicio que se llevará a cabo sea equilibrado y, para ello, vale la pena que sea observado.