20091031

Venganza contra un alumno que sacó 10 de calificación y se quejó


Te puse un diez, ahora escribo un soneto,
porque no te gustó mi parrafito:
“La calificación no importa, es el respeto
¿Por qué me tachonea, doctor, mi manuscrito?”

Yo que te había admirado, infame señorito,
sorprendiéndome al verte superar todo reto.
Ahora miro al pasado, me digo y me repito:
un genio es demasiado si es también erudeto.

¿Cuál era mi pecado? ¡Si admiraba tu prosa!
Y fuiste largo tiempo mi pupilo soñado,
quise aumentar tu gloria escribiendo una glosa.

Ya no podré olvidar jamás nuestro altercado.
Quedarás para siempre en la memoria odiosa
de cuantos estudiantes hube hasta ahora encontrado.

20091022

Venganza contra un robacoches inepto


Oh, tú, ladrón estúpido que fallaste en tu empresa
si hubieses calculado mejor tu fechoría
te habrías apoderado del auto de tu presa
sin activar la alarma ¡Que suena todavía!

Pero fuiste un novato tan nervioso y culero
que una vez que lograste abrir la mercancía
te asustó despertar al vecindario entero,
huiste, no salió el dueño ni acudió un policía.

El claxon nos taladra sin cesar la cabeza.
El mundo es tan absurdo ¡Juego de suma cero!
¿Cómo hemos de afrontarlo? Destapo una cerveza

20091020

Venganza contra curas de Tepoztlán que dan la misa con megáfono


Los curas tepoztecos gritonean su doctrina,
propalan su ignorancia con altavoz eléctrico,
su voz penetra al baño, la sala, la cocina
¡Y voy a Tepoztlán para no estar histérico!


Enciérrese en su Iglesia, párroco extrovertido,
conmisérese un poco de este agnóstico urbano
que vive trasnochado por causa del ronquido
de la que duerme junto y despierta temprano.

20091005

Venganza contra un vecino que se roba mi periódico


Cada vez que me robas el diario, troglodita,
me subo al metrobús con las manos vacías.
Y no es que La Jornada en verdad me transmita
información certera, ni tampoco alegrías.

Pero si decidí pagar, cabrón, la suscripción
y me gusta pasearme con escudo de tinta,
si disfruto gruñirle al lector del camión
que atisba de reojo en mi columna quinta...

...entonces, no te arriesgues, estimado vecino:
que a quien roba por hambre o a quien hace una pinta
a veces los reprimen como al peor asesino.

20090928

Venganza contra un tipo que me hostiga por Internet

"Me río de ti, blanco de verdes venas,
-¡bien se te ven porque hablas de aristocracias puras,
de ingenios florecientes y arcas llenas!"

-Nicolás Guillén-



Hay un pobre animal que lee mi blog seguido,
Escribe siempre insultos, su vida está vacía.
Me deja comentarios puritanos de ardido;
repite, qué tarado, la misma letanía.

Desde aquí yo me burlo de ti, Jaime Delfín,
siempre fuiste un idiota y además adefesio.
Aunque, estamos de acuerdo, soy poeta balín:
si me ocupo de ti es porque soy muy necio.


Agrego ahora la reacción de mi amigo Raul Casamadrid a la entrega anterior

"No digo que te pase a ti, Bernardo, pero en una ocasión me sorprendí hablando solo. La primera vez me oí pero no dije nada. La segunda vez me respondí algo, pero con desgano. Después comencé a hablar más, sin hacerme mucho caso. Luego las pláticas se volvieron frecuentes, tediosas, insidiosas y obscenas. Molesto con mi propio interlocutor decidí cortar por lo sano y dejar de hablar sin prodigarle más atención. Fué entonces que comenzó todo...

"Primero en el refrigerador: breves notas burlonas escritas en pequeños papelitos autoadheribles y de colores chillantes, llenas de groserías y sarcasmos burlones. Luego, llamadas a mi cel: un día el buzón amaneció lleno con mensajes de voz y de texto sin sentido; algunos urgiéndome a salir pronto de la ciudad y, otros, quejándose amargamente por no haber acudido a supuestas citas...

"La cosa no paró ahí: luego me empezaron a llegar postales con imágenes de edificios y sitios pintorescos ¡de mi propia ciudad!, enviados desde la oficina de correos del centro histórico y escritos con una deleznable caligrafía, como garabateados con la mano izquierda -siendo que soy diestro. Tan mala era la letra que ni siquiera pude descifrarlas -aunque en las noches soñaba frases que al amanecer podía ligar con aquellas escritas sobre las postales depositadas por el cartero en turno...

"Con cierto nerviosismo, y ansioso por pasar a otro estado, literalmente, me fugué de la entidad a otra ciudad. Cuál no sería mi sorpresa cuando al llegar a un céntrico hotel me topé una habitación reservada a mi nombre y varios mensajes mecanografiados en el casillero de la recepción.

"Debo confesar que por éstas y otras razones jamás obtuve una cuenta de correo electrónico. Pasé años hablando por teléfono y gastando en paquetería para enviar tristes sobres... El temor que mostraba al acercarme a un ordenador, me agenció de burlas y pesados chascarrillos entre amistades, compañeros de trabajo y hasta con los familiares...

"Pasaron por fin los años y estos diálogos enloquecidos fueron disminuyendo hasta que buenamente retorné a "...la sana costumbre de hablar solo"; sin pasar por mayores contratiempos: me hablaba y me contestaba en privado ó, en voz muy baja si había alguien cerca; y sólo usaba frases breve y enfáticas. Aunque a veces, es cierto, también profería alguna mala palabra -si cometía una estupidez.

"Sintiéndome recobrado, decidí adquirir una 'laptop' y acercarme a una joven maestra quien me enseñó desde cómo conectarla hasta la difícil tarea de mover el 'ratón' (o mejor dicho, el cursor) con dos dedos; pasando, entre tanto, por varios programas que son de cajón. Una vez superada esta prueba, y no sin cierto temor, emprendí la otrora imposible y prohibida labor de crear un blog...

Durante varios meses me sentí inmensamenrte feliz de poder escribir y de comunicarme con tanta gente en una forma veloz y directa. Seguí contento perfilado de esta manera, pero, casi al cumplir el año, las cosas tomaron el rumbo que presentí y siempre evadía: de la nada, como un fantasma, algo o alguien se dió a la terea de meterse a mi blog. La 'presencia' -como le digo-, empezó a mostrarse borrando de pronto frases o párrafos que me costaba reconstruír. Luego, desapareció entradas enteras y, finalmente, para mi desgracia, fué metiendo la mano pachona al cambiar de plano el sentido de lo que decía y plantar erratas que apenarían a un párvulo de preprimaria.

"Como tu bien sabes, amigo, así fue que dejé de escribir hace tiempo. Tanto, que me da la impresión de que aquello sucedió en otra vida. Por ello, Bernardo, te pregunto: ¿por qué aparece tu nombre en mi muro, tu foto en mi perfil y tu clave y mi password son idénticas?"

20090903

Un soneto


Café de la Escandón que leo en tu esquina
cómo se llama el fin de mis faenas;
Quevedo bautizó su aguamarina:
“El resquicio barbado de melenas”.

He buscado el confín de mi existencia
tres centímetros bajo tu cintura.
Yo soy el artefacto que codicia
medirte con la lengua la estatura.

Soy la lanza que hiere y placer trae.
Perpetúo con mis ansias la mudanza.
Soy Cuauhtémoc, el águila que cae.

Eres arroz, frijol, fuiste garbanza,
absurdo, rima, currículum vitae,
vino con mosco pero de buena crianza.

20090818

Manual práctico de las distancias cortas XV: Del vampiro

Sueño que violo a oscuras a una dama. Primero es abrazarla y juguetear con ella. Con mis besos un rato la entretengo. Después es provocarla y tratar de encenderla. Se resiste, entonces sujetarla, derribarla. Pongo mis piernas entre las piernas de ella. Le impido que patee. La inmovilizo. Sueño su resistir, sueño mi risa, sueño forzándola a agitarse en la cama. Luego viene el deleite de gozarla. Me veo hacerlo despacio y luego más aprisa. Siento cómo mi semen se derrama. Se mancha mi camisa. Sueño que tengo frío, siento que sueño con saña. Me despierto, me asusto de mí mismo.
Rosalba duerme a mi lado, de costado. Me recargo sobre la cabecera de la cama. No soñaba con ella, era otra mujer a la que violaba en el sueño. Levanto las cobijas y la sábana para ver su cuerpo. Rosalba no despierta. Estoy excitado. Acaricio sus caderas y muslos casi sin rozarla, como acariciaría la cola de un ave. Acerco mi mano a sus senos que cuelgan debajo del pijama y siento el calor de su cuerpo. Aún dormida, Rosalba reacciona positivamente a mis caricias. Sus manos me reciben, nuestros dedos se engarzan. Me acomodo contra ella y con el índice recorro su pubis. Finalmente me inclino hacia su cuello para morderlo delicadamente y, casi dormida, ella me deja hacer como de costumbre.
Somos cómplices. Antes de conocerla, yo era un tipo no tanto puro sino pudoroso, me daban asco los sentimientos. O sea que luego de acostarme un tiempo con una vieja no quería volver a verla nunca más, si estábamos juntos en la escuela la evitaba, si era conocida de mis amigos la desilusionaba a propósito para que ya no me buscara, ya sea saliendo con otra en su cara o tratándola mal. Antes de Kirsten, me alejé de todas las mujeres con las que tuve relaciones. Yo pensaba de mí mismo que era racista, porque antes de Kirsten casi no respetaba a las mujeres y curiosamente todas habían sido mexicanas. Con unas no quería noviazgo porque no me gustaban lo suficiente, con otras porque estaban jodidas, de dinero, la verdad. Si estaban guapas salía con ellas pero cuando querían comprometerse las cortaba. Las inteligentes le gustaban a mi mamá, aunque no tuvieran dinero. Por eso duré ocho meses con Lucía, que era bonita y la más inteligente con la que había salido. Me costó trabajo cortarla porque me daba lástima, pero ya no la quería y no quise que viniera a Boston conmigo como una sanguijuela. Hubiera sido un desmadre porque ni siquiera tenía la visa gringa. Acá conocí a Kirsten y a su familia, que tenían mucho dinero. Una vez me acompañó a una boda en Guadalajara y la presumía a todos los parientes y conocidos. Pero entonces conocí a Rosalba en el gimnasio. Es la estrellita del grupo de esgrima, por guapa y porque es la más chingona con el florete, hasta podría dar una sorpresa si se aplica en los entrenamientos. Le gusté y me anduvo cazando. Vino a buscarme a la biblioteca, fingiendo que nos encontrábamos por casualidad. Fajamos allí mismo, muy cabrón, y luego nos metimos en mi dormitorio. A la semana la muy perra me besó en una fiesta y se encargó de que Kirsten se enterara. Indudablemente me mandó directito a la chingada, pero en vez de enojarme con Rosalba estoy contento. Tal vez porque Rosalba es mexicana, porque no tiene un centavo y porque mi madre la detesta. Estar con ella me hace pensar que no soy tan interesado, ni soy racista. Obvio, también es muy guapa. Somos buenos amigos.
Pero lo más importante es que Rosalba me agarró el modo. Me dijo desde el principio que notaba un problema, algo atorado en mí y que lo íbamos a arreglar.
-Si tu madre supiera por qué te gusto, dejaría de odiarme a mí y tu dejarías de ser su niño consentido –susurra ahora Rosalba, ya despierta.
Le digo que si no quiere hacerlo más así, que me lo diga de una vez por todas.
-No, por lo pronto está bien –responde-, mi especialidad es estudiar y entender a las bestias.
-Ja, ja, cabroncita –la beso y la muerdo.
Le confieso lo que he soñado. Luego le cuento lo que dice mi madre: que en la antigüedad a algunas mujeres les gustaba que las raptara el enemigo, incluso que las violaran; que en la Ilíada y en los libros sobre Roma, en las crónicas de piratas y de guerras suele haber ejemplos. Aquiles mató a la familia de Briseida para poseerla, pero ésta, en vez de odiarlo, se pone triste cuando se separa del asesino y violador.
-Pues en las crónicas medievales que estoy leyendo –dice Rosalba-, hay muchas veces una reina cachonda que se enamora de un joven caballero y se lo quiere tirar, pero éste se indigna, cual casto modelo de virtudes, huye al bosque para no traicionar a su señor, ni cometer adulterio y ahí encuentra a una joven bañándose desnuda. La viola y basta, viven felices el resto de sus vidas.
-Ja ja. Pues que no nos oigan las feministas de la universidad –le digo-, el otro día una de ellas decía que incluso las historias de vampiros son degradantes para las mujeres.
-Tal vez tienen razón –responde Rosalba-, no por nada a ti te encantan las historias de vampiros. Los vampiros te muerden sin pedirte permiso y te violan.