20110509

Los cuatro infinitos: Anaximandro y Pascal































Un habitante de la ciudad de Mileto, llamado Tales, pensaba que todas las cosas están hechas de agua. Su discípulo, Anaximandro, postuló en cambio lo indeterminado, el infinito. De éste venimos y a éste regresamos. La naturaleza es, literalmente, donde se nace (tanto en español como en la palabra griega sin traducción physis) y, aunque no lo refleje la etimología, a donde se muere. El antiguo fragmento que alude a la aún más antigua opinión de Anaximandro es de Teofrasto y es el siguiente (la traducción es de José Gaos):
"Anaximandro... proclama principio y elemento de los seres lo infinito, habiendo sido el primero en introducir este nombre del principio. Dice, en efecto, que el principio no es ni el agua, ni ningún otro de los llamados elementos, sino otra cierta naturaleza, infinita, de la que se generan todos los cielos y los mundos que hay en ellos; pues 'en aquello en que los seres tienen su origen, en eso mismo viene a parar su destrucción, según lo que es necesario; porque se hacen justicia y dan reparación unos a otros de su injusticia, en el orden del tiempo', como dice en estos términos un tanto poéticos."
Varios conceptos están amasijados en este primer atisbo de filosofía en la historia. Lo indeterminado o infinito, que hoy ya no son los mismos conceptos pero que lo fueron o fueron quizá un tercer concepto en la mente de los griegos (to apeiron). Unos seres vienen a compensar la injusticia causada por otros, en un equilibrio cósmico. ¿La injusticia es en el fragmento sinónimo de lo existente, como justicia es regresar a lo indeterminado? Heidegger se pregunta en el siglo XX ¿por qué hay algo en vez de nada? y los físicos del CERN en el siglo XXI también lo hacen. ¿El estado "justo" sería que todo fuese indeterminado, como parece haber intuido Anaximandro y, por ello, es pertinente la pregunta de Heidegger y de los físicos de por qué hay algo?
Si somos admiradores incondicionales de los griegos, helenocéntricos, veremos en aquel pensamiento de Anaximandro la intuición primera, incluso el origen de la razón. Si somos más críticos, veremos en él el origen de un prejuicio que aún nos infecta. El mismo prejuicio de Hesíodo que, en Los trabajos y los días, aconsejaba ya: "escucha a la justicia, Diké, no dejes crecer la inmoderación, Hybris" (213). El mismo que, en la tragedia griega de la época clásica, significa el equilibrio fatal del mundo: la Hybris de Edipo que se acuesta con su madre y mata a su padre es la causa de su muerte, la de Hipólito que rechaza el sexo que le ofrece Afrodita, la mismísima diosa del amor, es causa de la suya. Las muertes de Edipo y de Hipólito son justicia hecha, equilibrio restaurado (Diké). Mueren quienes desafían el equilibrio cósmico.
Pero, para Anaximandro, ese equilibrio natural que existe antes y después de la existencia no es otra cosa que lo indeterminado que parece ser infinito.
Desde la física del siglo XIX, algunos dirían que lo anterior significa una anticipación de la ley según la cual el orden acaba por regresar al caos por entropía. Y el nihilismo del siglo XX querrá que Anaximandro era uno de los suyos, que venimos de la nada. Pero este presocrático fue más lúcido que Sartre en el sentido de que postuló que venimos de lo indeterminado, que no es la nada, y a ello volveremos.
Otro presocrático, Empédocles de Agrigento, imaginó que el mundo es una esfera infinita (Sphairos redondo). Ya en nuestra era, debieron ser místicos esotéricos y cristianos los que aceptasen con menor repulsión un universo semejante: esfera infinita cuyo centro está en todas partes. Después de la lógica de Aristóteles y de la astronomía de Ptolomeo, la mayoría de los filósofos, en cambio, ya no podían pensar un universo indeterminado. Al menos hasta Galileo, Bruno y Pascal. El primero se había distanciado de la idea de un mundo encerrado en una esfera de estrellas fijas, mundo que aún era el de Kepler y Copérnico; pero Galileo no afirmó categóricamente que el universo fuese infinito. Para Giordano Bruno y para Pascal, en cambio, la infinitud del universo era una evidencia. Regresan así a Anaximandro y a Empédocles.
Pero los dos infinitos de Pascal lo son en sentido extensivo. Nuestra mirada se pierde en la extensión del cielo sin que encuentre límites al espacio e, igualmente, se pierde en la extensión microscópica de los animales diminutos. En cambio, el infinito de Anaximandro es intensivo. Nuestra vida se pierde, antes de nuestro nacimiento y después de nuestra muerte, en lo indeterminado. Sumados, se trata de cuatro infinitos.
¿Y qué es el hombre frente a ellos? No una nada, como escribió Pascal por modestia cristiana. Tampoco un todo o micro-cosmos como creían los renacentistas y Leibniz. Acaso sirva de algo decir que es sólo una determinación momentánea.

20110419

La polémica sobre el Museo Soumaya


¿Si me gusta el Museo Soumaya de Carlos Slim entonces he dejado de ser de izquierda? Algunos piensan que las convicciones políticas deben reflejarse incluso en el gusto artístico. Ese razonamiento va contra el principio kantiano de autonomía del juicio estético.
La historia de la pintura y de la escultura es una de las disciplinas más propicias para comprender el tiempo. Sí, el tiempo, ese misterio físico y filosófico. Los fósiles y huesos de dinosaurios también sirven para eso pero la pintura y la escultura son creaciones culturales y nos dan pistas de objetos del pasado que no eran meramente físicos: no sólo mandíbulas y genes sino la mente de un artista renacentista o los retratos de la oligarquía criolla del México independiente. En una época en la que los laboratorios pretenden tener el monopolio del estudio objetivo del tiempo (pruebas de carbono 14, genealogías mediante secuenciación de genes, modelos del origen del tiempo mediante colisiones de iones en un acelerador de partículas, etc.), los museos de pintura y escultura son verdaderos archivos que dan testimonio de la dignidad y la complejidad de los estudios humanísticos. Un buen experto en arte puede ser más exacto en la datación de una pieza que una prueba de carbono 14.
Y, sin embargo, algunos artistas y críticos de arte contemporáneo creen realmente que no deben abrirse nuevos museos de pintura y escultura. Otros críticos del Museo Soumaya creen que éste reúne piezas sin ton, ni son, sin “un argumento”. Opino, en cambio, que el museo contiene colecciones notables (monedas, retratos mexicanos del siglo XIX, escultura europea del siglo XX) y ejemplares representativos de estilos importantes de la pintura occidental de varios siglos (argumento cronológico).
Se habla mucho del pillaje que las metrópolis europeas hicieron de los objetos de otras culturas. Pero el Louvre, el British Museum, el Pérgamo y otras grandes instituciones con colecciones de piezas no europeas se construyeron no sólo gracias al pillaje de conquistadores y exploradores sino también gracias al coleccionismo privado y a sus donaciones. En México, carecíamos de un lote representativo de obras de clásicos de la pintura y escultura europea de los últimos 500 años por la ausencia de conquistas y exploradores, pero también por la falta de coleccionistas lo suficientemente ricos. Ahora contamos con uno, con sus joyas y también con sus piezas menores e incluso dudosas. También contamos con una polémica intelectual acerca del acervo Soumaya y ésta será positiva. Creo que aprenderemos más de la historia del arte si los críticos logran probar que algunos de los cuadros del museo son falsos que si Teresa del Conde, Raquel Tibol u otro experto mexicano conocido es nuevamente el curador de éste como lo es de otros museos y exposiciones mexicanos. Con sus problemas, el Museo Soumaya tiene una museografía distinta y una atmósfera propia que refrescan la mirada.

20110405

¿Qué pasó en Costa de Marfil?


Contra lo que dice el lugar común, las causas de la reciente guerra civil en Costa de Marfil, así como de la inestabilidad política que la precedió, no son "complejas". Se relacionan, desde luego, con la historia colonial del país y con la geopolítica contemporánea, pero en esta ocasión las principales determinantes son internas. Concretamente, en el origen de la guerra está la mezquindad y ambición desmedida de los caudillos locales.
Luego de la muerte, en diciembre de 1993, del primer y único Presidente que había tenido la Costa de Marfil desde la independencia, Felix Houphouet-Boigny, nuevos aspirantes a caudillos comienzan a jugar con las reglas electorales y constitucionales para beneficiarse y excluir a los adversarios. En particular, para eliminar del terreno electoral a Alassane Ouattara, antiguo Primer Ministro, tecnócrata de alto nivel del FMI y candidato fuerte en el norte musulmán del país. A Ouattara se le estigmatiza por haber pasado su infancia en el vecino país de Burkina Faso. Así, el nuevo presidente Henri Donan Bedié inventa como slogan la exótica noción de “marfilanidad” (Ivoirité) para excluir a su contrincante Ouattara. Bedié consigue derrotar a Ouattara y, de paso, construir un muro étnico entre 15 millones de personas. Fractura artificial, oportunista, en un país donde al menos 35 por ciento de la población es extranjera o de origen extranjero. En 1998, Bedié se propone perpetuarse en el poder y promueve una reforma constitucional en su favor, pero un golpe de estado acaba con su gobierno y el caudillo termina refugiándose en Togo y luego en Francia.
El autor del golpe, el general Robert Guei, hace votar el 23 de julio de 2000, una nueva Constitución que consagra la obra maestra de su antecesor: el concepto de “marfilanidad”. En el colmo del absurdo, se exige ser hijo de marfileños después de tres generaciones. Con ello, el nuevo caudillo excluye la candidatura del eterno adversario de origen burquinés, Ouattara. Poco le importa que el nuevo enfrentamiento entre Ouattara y Guéi cristalice de manera definitiva los enfrentamientos étnicos y los actos de xenofobia contra los inmigrantes y la población musulmana. A partir de 2001, el nuevo presidente, el socialista Gbabo, llega al poder e insiste en el tema de la “marfilanidad” con Ouattara en mente. Giué intentará otro golpe de Estado, esta vez fallido, y quedarán en la lucha de caudillos Gbabo y Ouattara, en un país al borde de la guerra civil. Ambos enfrentan con las armas a sus bases (cristiana y musulmana, sureña y norteña). Los seguidores de Ouattara se alzan bajo el Movimiento Patriótico de Costa de Marfil. Luego de los primeros enfrentamientos, las conferencias internacionales se suceden para tratar de encontrar un acuerdo. Junto con las negociaciones diplomáticas, el país experimenta recurrentemente matanzas de opositores políticos.
El periodo presidencial de Laurent Gbagbo termina en 2005, pero éste retrasa las elecciones año tras año. Finalmente, se celebran ¡hasta 2010! El 2 de diciembre de ese año, la Comisión Electoral declara a Alassane Ouattara ganador de la elección presidencial. Sin embargo, el Consejo Constitucional revisa el proceso e invalida más de 500 mil votos de regiones pro-Ouattara. Horas más tarde, Ouattara se declara también presidente y reinicia la guerra civil. La Unión Africana, las Naciones Unidas y la ex-potencia colonial, Francia, apoyan a Ouattara.
Así, una reforma legal instrumentalizada en la lucha de los candidatos presidenciales en Costa de Marfil se ha transformado en un enfrentamiento étnico y religioso de grandes dimensiones. Es verdad que la conclusión de la guerra supuso la intervención directa del ejército francés bajo el argumento de salvar vidas civiles (en primer lugar, la de los miles de franceses que habitan en ese país africano). Pero también lo es que la legitimidad de Ouattara era ampliamente reconocida a nivel internacional.
Aunque parezca extraño, los actuales conflictos armados en Libia y Costa de Marfil son una mezcla de luchas locales a favor de la democracia y de intervenciones coloniales. Reconocer este doble carácter es la única manera de superar el falso dilema al que tratan de llevarnos algunas lecturas latinoamericanas superficiales. Tanto quienes defienden exclusivamente la interpretación colonialista como quienes ven en esas revoluciones movimientos democratizadores autónomos se quedan cortos. Frente al doble carácter de esos movimientos es necesario adoptar una doble exigencia: por un lado, que se eviten masacres de civiles y se instaure la democracia, y, por el otro, vigilar que las potencias coloniales no exploten la nueva situación, una vez alcanzada la paz, mediante expoliación económica. Para hacer esto último es necesario interesarse en la situación de los países africanos y apoyar su independencia económica y política no solamente cuando están en guerra, sino durante los periodos de paz.

20110309

Contra el PRD y a favor del Ministro Cossío

Algo está ocurriendo en México que hace que los linchamientos de presuntos delincuentes que de manera cíclica ocurren en pueblos y pequeñas ciudades ahora estén ocurriendo a nivel nacional por televisión y en los periódicos. La misma falta de reflexión, de argumentos, la ira transformada en discurso flamígero, la apelación a ser implacables. Leo hoy miércoles en La Jornada un desplegado que llama a la Suprema Corte de Justicia de la Nación a condenar a tres acusados en el caso de la presunta violación de un niño en el Instituto educativo "San Felipe", en Oaxaca. Lo firma el grupo parlamentario del PRD en la Cámara de Diputados, que dice que "se han considerado plenamente demostrados los elementos del delito de violación equiparada".
Si esto último fuera verdad, no habría controversia en la opinión pública y entre los jueces (dos ministros de la Corte a favor y dos en contra de condenar a los acusados). Si los diputados exageran es porque creen que la causa vale la pena. En eso se equivocan. Los policías judiciales también suelen exagerar al realizar investigaciones para que "los culpables no se escapen", como declara uno de ellos en el famoso documental Presunto Culpable.
No debemos exagerar, no debemos ser demasiado enfáticos cuando se trata de procesos judiciales porque junto a las víctimas del crimen están las víctimas de los errores judiciales, junto al interés superior del niño existe la presunción de inocencia.
Para quien desee escapar a la lógica del linchamiento, propongo un ejercicio intelectual. Primera premisa: Las penas deben ser proporcionales a la gravedad de los delitos. Un delito menor tiene una pena menor y a un delito grave corresponde una pena de prisión grave. La violación de un niño es un delito muy grave al cual corresponde una pena muy grave. Segunda premisa: Liberar al culpable de un delito grave es grave, mientras que liberar al culpable de un delito menor es un mal menor. Condenar a un inocente a una larga pena de prisión es grave, mientras que condenar a un inocente a una pena de prisión breve es menos grave. Conclusión: el interés superior del menor es protegido cuando el legislador lo protege estableciendo penas muy severas para los delitos contra menores, no cuando los jueces condenan a probables inocentes.
En estos tiempos en los que todos estamos alarmados por el crimen y la inseguridad, me solidarizo con quienes tratan de pensar con claridad, como el Ministro José Ramón Cossío, que ha optado por hacer valer la presunción de inocencia en este caso a pesar de la presión de la opinión pública.

20110214

Florence Cassez y el problema de la plausibilidad

Ronald Allen sugiere que la presunción de inocencia debe aplicarse del siguiente modo: si la explicación de lo ocurrido que expone la defensa es plausible, entonces esa versión debe prevalecer por encima de la versión de la parte acusadora. Para muchos mexicanos no es plausible que las víctimas de un secuestro culpen a una persona inocente y, por lo tanto, creen que Florence Cassez es culpable más allá de toda duda razonable. Lo mismo suelen creer muchos ciudadanos miembros de jurados en otros casos supuestamente obvios antes de escuchar al abogado defensor. Pero si soberanía mexicana significa en primer lugar pensar por nosotros mismos, invito al lector a ponerse en los pies de un individuo que vive la siguiente historia.
Una persona que llamaremos “la víctima” es secuestrada por un par de individuos que llamaremos “los criminales seguros”. Luego de sufrir una horrible experiencia de encierro, pánico y humillación, “la víctima” es por fin liberada. Posteriormente, la policía detiene a tres individuos, entre ellos los dos “criminales seguros”. Al verlos, “la víctima” reconoce a estos últimos, no así al tercero. Un abogado o un policía le plantea a “la víctima” el siguiente dilema: si usted sólo reconoce a dos de los sospechosos, el tercero aportará una coartada, será un testigo de descargo de “los criminales seguros” y es probable que los tres salgan libres. En cambio, si usted dice reconocer a los tres, en ese caso “los criminales seguros” serán castigados y el tercer individuo también; ello representa un problema de consciencia para usted, pero piense que la probabilidad de que el tercero sea completamente inocente es ínfima, pues se trata de la pareja sentimental de uno de “los criminales seguros”.
La historia anterior es simplemente un modelo o experimento mental como los que son empleados en la teoría de juegos aplicada al derecho (véase Baird, Douglas G., Gertner, Robert H. y Picker, Randall, Game Theory and the Law, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, Londres, 2002). Sirve para evaluar qué comportamientos son los que las leyes incitan en la sociedad. Si usted fuera “la víctima” ¿qué haría? Suponiendo que, lleno de temor y de deseo de justicia, usted prefiriera condenar a “los criminales seguros” antes que salvar a un probable cómplice, dirá que reconoce a los tres sospechosos.
El ejercicio intelectual anterior va más allá del caso Florence Cassez. Nuestro sistema de justicia, tal y como funciona actualmente, no maximiza la utilidad de declarar con sinceridad. No podemos afirmar que las víctimas de la banda de Los Zodiaco declararon con falsedad y culparon a Florence Cassez sin fundamento, porque el modelo que hemos presentado es meramente hipotético, no está basado en la prueba del polígrafo aplicada a personas reales (de hecho poco confiable) o en otras pruebas empíricas. El modelo anterior sólo nos dice que las víctimas de ese episodio criminal tenían incentivos estratégicos para decir que reconocían a la posible cómplice. Máxime cuando ésta comenzó a poner en peligro toda la acusación al denunciar el montaje televisivo de la detención. En conclusión, contra lo que piensan muchos mexicanos, la defensa de Florence Cassez cuenta con una versión plausible.
Después de haber leído lo anterior, el lector puede volver a preguntarse ¿por qué Cristina Ríos Valladares no identificó en una primera instancia la voz de Florence Cassez? O bien, por ejemplo ¿por qué cuando fue entrevistado por Carmen Aristegui, Ezequiel Elizalde prefirió no responder a las preguntas concretas de la inquisitiva periodista acerca de los detalles de su contacto con Cassez? Elizalde Flores adujo que el recuerdo era demasiado doloroso, pero ¿era esa la única razón?

20110210

¿Testigos confiables en el caso Florence Cassez?

Las fuentes de error en las sentencias judiciales están fuertemente asociadas a los testigos oculares. Se calcula que 60% de las condenas falsas en Estados Unidos están relacionadas con testigos de cargo que no conocían al procesado y 20% con testigos que sí conocían al procesado. Las identificaciones de supuestos acusados por parte de testigos oculares son una manera estándar y fácil de condenar a una persona. Pero aproximadamente el 4% de esas condenas en Estados Unidos son falsas y por lo menos el 3.2% de las identificaciones que hacen los testigos oculares también son falsas, según el Dr. Larry Laudan, investigador de la UNAM. Él nos ha enseñado que la identificación de desconocidos es 300% menos confiable que la identificación de personas que ya conocen al testigo. Por esa razón, Laudan concluye que en general la identificación del testigo ocular por desconocidos se presta a confusión en alrededor del 10% de los casos. Además, cuando el testigo en el momento del crimen está bajo mucho estrés (por ejemplo, porque está secuestrado) su capacidad para identificar correctamente al delincuente es menos efectiva. Que una víctima de un delito violento recuerde bien los detalles físicos de su agresor es, estadísticamente, menos probable que si no sufría estrés.
En el caso de Florence Cassez, las declaraciones de la víctima Cristina Ríos Valladares y de su hijo fueron cambiantes, lo que aumenta las probabilidades de error judicial. El juez dijo frívolamente que esos cambios eran normales en personas que han sufrido un secuestro, pero no se basó en estadísticas o estudios empíricos para afirmar eso. Además, dos de las víctimas también se equivocaron al identificar una casa relacionada con los hechos delictivos (la de "Lupita").
Como profesor de epistemología y de derecho, opino que los jueces debieron aplicar el principio "in dubio pro reo", la presunción de inocencia, pues es plausible que Florence Cassez sea inocente.

20110111




"A menudo, una de las tímidas palomas que llevan ambrosía al padre Zeus cae sobre la roca, pero el padre crea otra, con el fin de que el número quede completo."
La Odisea, rapsodia XI

Vana creencia de los antiguos griegos
pensar que esos otros, los animales,
(entiéndase caballos, aves o borregos),
venían de Zeus en números iguales.

Los mexicanos pensaban otra cosa,
que hubieron perros, guajolotes y peces.
Cada época era frágil como una mariposa.
¡Creación y cataclismo, naces, desapareces!

El cielo se ensangrienta cada ocaso.
Diario el sol muere y la oscuridad
es una miniatura del fracaso.
La vida está cercada de calamidad.

Soy el jaguar que suda en la enramada
muy cerca del asfalto y del campo cercado.
Añoro la humedad de selva sosegada,
suspiro de cansancio, hambriento, resignado.

A la sombra de inmensos ahuehuetes
yo degusté la pulpa de agutíes y de ciervos.
Hoy devoro ratones, bebo agua de retretes.
Sólo espero el final de estos espacios yermos.

Ustedes, los dioses-animales, amos de los colores,
del hierro y de las llamas, están también enfermos.
Verán morir su mundo con terribles dolores.